La tierra que cubre los muertos

No existe la reja, sino el horizonte.
Ellos están ahí, en un lugar indefinido,
sus vidas esparcidas como estrellas o espigas.
Bajo tierra pronuncian palabras encendidas.
No son muertos, son vivos que habitan en la tierra.
El viento cruza y mueve
sombras de arbustos sobre sus pechos
en horas de tortura rehundidos.
Están aquí o allí, en cualquier parte,
y aún en donde ahora reina la alegría
sin que la planta advierta vuestra oculta presencia.
Mientras otros reposan en mausoleos de mármol,
vosotros, los que no tenéis rostro
ni tuvisteis responso en vuestro entierro,
los que cruzó el dolor de parte a parte,
los que caísteis bajo la orden de un desconocido
por la escalera del odio
nacéis en cada vida
con los ojos abiertos.
Habitáis en la tierra
los que partísteis sin testigos
y colmáis la llanura con vuestra herida abierta.
Alzados, con la luz de nuevo
que nace cada día,
entre aquellos que heredan vuestra muerte
como un largo camino
para andar el futuro.

De A imagen y semejanza.