La mujer viva y muerta en el fondo del río

Sólo es real en sueños,
pero está ahí, allá abajo, bajo el cristal, su cuerpo.
Bajo el cristal del río. Se agita levemente,
suavemente, como ramas al viento,
su cabellera que mueve la corriente.
Sonrríe y está dormida, me hace un guiño.
Pero este sueño dura lo que la vida misma.
Es ella y es la otra,
es la que desde el puente
tan pronto semeja estar muerta como viva.
Y sonrríe, allá abajo,
bajo el cristal transparente.
¿Quiénes son los muertos
y quienes los vivos?
Como en la lejanía de sus ojos,
un blanco pañuelo
nos da el adiós de siempre.
Y este enigma de no saberla viva o muerta
me enfrenta a un oscuro designio.
Allá abajo se agita
Sin embargo, y cambia de postura
como un cielo que gira.
Mientras su cabellera larga ondula
parece que se mira a un insondable espejo,
y yo siento en mis manos el mas duro misterio.
El río pasa y pasa
plegándose en dobleces
de un blanco silencio,
mientras ella está allí,
para el que quiera verla desde lo alto del puente
aunque sólo en el profundo sueño permanente.

De A imagen y semejanza.